El Prócer.

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En sus años mozos surgió como un prodigio, ejecutando el piano desde su tierna niñez. Una vez una cantautora popular muy renombrada, invitada a insistencias de su familia, muy orgullosa de las aptitudes del niño, dijo que nunca había visto nada igual. Ejecutaba Beethoven como si nada a los 10, a los 12 ya componía sus propias melodías.

El problema comenzó en la pubertad. Alguna mala influencia le entregó un cassette regrabado de unos británicos locos, y le cambió la vida. El nene dejó el Conservatorio, se empezó a dejar el pelo largo y le exigía a sus padres que le compraran una guitarra. En la sombras de su adolescencia, renegando de un futuro brillante como concertista, emergió en la pequeña escena de su terruño, como emblema de su generación, para escándalo de todo el pueblo. Lo llamaban “El Prócer”, la primera línea de toda una camada de iluminados geniales que se animarían a seguir el sueño, inspirados por su refinada apariencia y su innata condición artística.

También era un gran cantante. Su voz, destinada a los cantos gregorianos, terminaba pregonando de forma bella los sueños e ideales de su tiempo, del realismo mágico de su tierra. Entre cervezas y bares, con una Strato roja siempre reluciente, un séquito de groupies y una mirada perdida. Arriba del escenario, una figura fulgurante, y abajo, un tipo afable. Al Prócer nunca se le caía ni la ceniza del cigarrillo, ni una frase matadora y cruda.

Pero la paciencia de los mandamases del pueblo llegaría a su límite. Las homilías lo señalaban como el responsable de la corrupción de la juventud, los políticos como un revoltoso, y finalmente, fue invitado a irse. Como despedida, solo un concierto en una plaza, donde, temerosos de represalias, solo asistieron cinco personas, contando indigentes. Pronto promotores extranjeros le ofrecían grandes contratos y conciertos multitudinarios en el exterior, con toda la parafernalia apropiada.

Los años pasaron demasiado rápido entre excesos, giras y galardones en el exterior. Affairs con celebridades, divorcios de costos millonarios y largas sesiones de rehabilitación. Cada escándalo se repetía como una carga de vergüenza en su pueblo, cada hit era pólvora entre los amantes de su música. Canciones que hablaban de (des)amores, de épicas, de esa cerveza, de motocicletas. De historias tenebrosas de pueblos, de mitos, y por supuesto, del sistema y del gobierno. Canciones que eran confesiones, canciones que eran declaraciones. No tenía miedo de cuestionar, en lo intocable de su posición, cosas que a otros le hubiesen costado muy caro.

Un día, sin embargo, al Prócer se le acabaron los cartuchos, y decidió volver a ese terruño que lo vio nacer, antes de retirarse. Donde hubo alguna vez una frondosa cabellera rubia, solo quedaba unas cuantas canas que se resistían a caer, sus manos sufrían de artrosis y temblaban como titiritando en el frío eterno de la vejez, su completa dentadura solo brillaba en piezas de oro, su voz, otrora aguda y melodiosa, ahora era ronca y seca. Había perdido familiares (quienes nunca le perdonaron su rebeldía), y amigos en la escalera del éxito. Sabía que no tendría otra oportunidad de tocar.

Con su leyenda a cuestas, el pueblo, que ya no era un pueblo sino una pujante ciudad, se encendió con su vuelta. Viejos rencores suscitaron con el hijo pródigo. Las homilías hablaban de su legado nefasto, la prensa rosa se hacía eco de todos los pormenores de su vida azarosa y desfilaban detractores y opinólogos objetando su legado y sus posturas.

Pero aun así, el Prócer quería hacer ese concierto en casa. Se consiguió una banda de jóvenes, idealistas, talentosos, enérgicos como él lo había sido alguna vez, y todo se preparó para esa última cita-

Poco quedaba de la plaza donde había tocado antes de partir, tantos años antes, más se empecinó en hacer su show en ese lugar. Toda la (mala) publicidad solo sirvió para que un hervidero de gente se aglomerara en las veredas, en las calles aledañas. Dos, tres, cuatro generaciones, de cassettes, cds, y mp3 compartidos como si fueran droga, finalmente tendrían su misa pagana en el máximo altar laico, el escenario.

La espera para verlo se hizo eterna, una, dos horas, con la banda calentando intentando hacer tiempo. Cuando los murmullos de desaprobación y desconcierto casi comenzaron una riña, se lo vio, con un bastón tambaleando al pulso errático de su muñeca, intentado llegar al micrófono. Los presentes, con la imagen grabada en sus cabezas de las fotos de los posters o las revistas que llegaban con años de atraso sobre él, casi exhalaron decepción al ver a la caricatura del hombre intentando entonar, desafinado, los hits del pasado. Tocando a destiempo los acordes, comenzando una y otra vez las canciones al olvidar la letra.

El punto culmine fue cuando, en un intento por llegar a una nota muy alta en la tercera canción, El Prócer se quedó sin aliento y cayó desplomado en el escenario. Donde se esperaría un griterío de desconcierto, solo se escuchó el ruido plano de su cuerpo al caer, amplificado por el cabezal del micrófono y su guitarra. El silencio sepulcral posterior admitía una crónica de muerte anunciada. En la estupefacción, algunos guardias y músicos lo levantaron mientras veían como el hilo de sangre debajo de su cabeza teñía de forma aún más viva a su Strato roja. El Prócer no tenía pulso. El mundo se detuvo. Los camilleros, ahora si desbordados por todo el mundo, lo condujeron a una ambulancia que lo esperaba. Hasta los paramédicos lloraban.

Fue en ese instante en el que inexplicablemente, El Prócer abrió los ojos, levantó el brazo y ordenó que detengan el cortejo. Le hicieron caso. La gente explotó en una ovación comparable a un gol en la final de un campeonato de fútbol al verlo bajar de la camilla, sin necesidad del bastón, con el paso bamboleante pero decidido hacia el escenario, mientras se frotaba la nuca en un gesto que era mezcla de dolor y sonrisa cómplice, dejando ver sus dientes de oro. Por más que los músicos, los médicos y la seguridad le insistieran en ir a un hospital, dijo que estaba bien y que no se perdería el concierto por nada del mundo, así que pidió que lo vendaran para volver a tocar.

El mismo se arrancó parte de la venda para limpiar a su Strato, mientras le traían un nuevo micrófono y cuerdas. Un minuto afinándola y el primer riff, uno muy conocido, uno que hizo que los viejos se sintieran de 20 años y los jóvenes se sintieran en los 70s, retumbó como una onda expansiva en toda la plaza, en toda la cuadra, en toda la ciudad. Hablaba de vuelta ese realismo mágico. Tomó el micrófono y ordenó a la banda que lo siguiese. Pero no podían. Era demasiado salvaje, demasiado rápido y limpio mientras sus dedos acariciaban las cuerdas que suspiraban sonidos, distorsiones, solos. Y no solo con los dedos, sino hasta con los dientes.

Su voz, que había sonado ronca, ahora amenazaba con romper ventanas. A paso seguro se movía por el pequeño escenario, mientras hacía corear a la gente (que cada vez era más y más y ya abarrotaban cuadras) hasta las partes rítmicas. Baladas de (des) amores, canciones largas, canciones cortas, himnos del rock and roll, motocicletas, alcohol, historias, mientras el viento arreciaba sobre su cabeza, y alguno podría haber dicho que de hecho, tenía mas pelo.

Los jóvenes organizaban ya el mosh, los viejos se abrazaban con sus hijos, la gente dejaba de quitar fotografías en sus smartphones para simplemente cantar, mirarse y mirar al espectáculo con sus propios ojos, en la retina de la memoria, en la realidad que sobrepasaba a la leyenda.

Hubo un bis, un amago de despedida, otra vuelta, a capella, otra, y otra más. Recorrió varias épocas y se dio el gusto de no solo tocar canciones conocidas sino también las de sus primeras andanzas. Al final de casi cuatro horas sin parar, El Prócer tomó una botella de cerveza, como en los viejos tiempos, y mientras resonaban los últimos acordes de la despedida, agradeció las muestras de cariño, brindó por todos los que estaban y sobre todo por los que no estaban, sonrió, y cayó, ahora definitivamente, con los ojos en blanco y en un grito ahogado, muerto, junto a su Strato roja, destrozada en pedazos.

Su funeral fue la cosa más triste que haya vivido la ciudad. La gente lo lloraba como si hubiera perdido a un familiar muy querido. Lo enterraron al día siguiente y se decretaron 5 días de duelo, que al final fueron como 15. Las homilías hablaban del talento de un hombre comprometido con su gente, los hijos de los políticos que lo habían exiliado hablaban de su insustituible aporte a la cultura, en los sets de televisión desfilaban celebrities hablando del hombre humilde detrás del rockstar.

Pero lo raro fue, que semanas después, el diario local develaba los detalles de la autopsia. La causa había sido. al parecer, un paro al corazón. Sin embargo, un dato agrandó a límites insospechados las historias sobre aquella jornada de comunión espiritual con la música. El Prócer había muerto casi cinco horas antes de que lo llevaran en la ambulancia, más o menos cuando recién había comenzado el concierto.

Eduardo Galeano: Un homenaje a la esperanza

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“Nos refugiamos en la nostalgia cuando nos abandona la esperanza, porque la esperanza exige audacia y la nostalgia no exige nada”, así sentenciaba Galeano en una metáfora pensada en el balompié, pero aplicable tanto al fútbol como en la vida.

El, que retrató tanto sufrimiento, sin embargo tiene el gran mérito de que, con sus bemoles, nunca perdió la esperanza. Le tocó ver y contar incoherencias repetidas, más se mantuvo coherente, una virtud incómoda y poco frecuente en las carpas intelectuales del acomodo.

Hoy murió uno de los valores más brillantes de la llamada “Generación del 45’” posiblemente la camada de literatos más prolíficos que haya tenido el Uruguay, y por qué no, Latinoamérica en conjunto. Esa misma Latinoamérica que logró reconciliar, con sus palabras. Esa misma Latinoamérica que hoy ha perdido un poco más de su honestidad sin tapujos, de su sencillez. Tal vez duele porque uno piensa en que quizás, solo quizás, unas cuantas metáforas, abrazos al alma, quedaban por decirse.

Galeano fue un escritor comprometido, este último adjetivo le granjeó popularidad, respeto, pero así también una animadversión casi enfermiza. Es que el compromiso es, en ciertos círculos, mal visto.  Aunque personalmente yo mismo (ni el, que ha renegado, dicen, de parte de su legado en Las Venas Abiertas) he estado en desacuerdo en varias ocasiones con sus posturas, es imposible objetar, parafraseando a Sartre, otro comprometido, que su militancia haya ido en desmedro de su literatura, sino que au contraire.

Hablando específicamente de su obra cumbre y más reconocida, uno de los pilares de la izquierda latinoamericana, la misma, pese a esas enormes falencias como ensayo económico, ofrece un acervo bibliográfico importantísimo que en materia de hechos (y no las interpretaciones del autor), constituye un libro primordial para comprender las asimetrías de nuestro continente.

Ese don de ilustrar hasta el dolor con ternura en sus textos, eso que llaman sensibilidad artística, fue lo que me abrió paso en el mundo tan delicado de las palabras cuando tenía 9 años. Sin Eduardo Galeano, yo no sería capaz de escribir estas líneas, no sería capaz de escribir ni una sola línea.

Así que, con el mate pronto, brindo por el romántico que gustaba contar las historias de la historia. Quien logró anudar, del Río Bravo a Tierra del Fuego, los ríos, montañas y mesetas mostrándonos que accidentes geográficos de por medio, al final, muy diferentes nuestras esperanzas y desventuras no son.

Eduardo Galeano:

¡Hasta la utopía, siempre!

This Oversight: Metal de la nueva generación como en los viejos tiempos.

Érase una vez en Kop Town (ese antro que mal o bien dejó unos cuantos recuerdos en su efímera existencia) hace unos dos años cuando conocí a estos muchachos. This Oversight. Una de las bandas de lo que de forma jocosa con algunos amigos solemos decir que es “The New Wave of Paraguayan Metal”, la nueva generación que, más cerca del streaming y las redes sociales y más lejos de los discos, emergió de una especie de resurgimiento en el mainstream del rock y el metal en Paraguay en los últimos 4 años.

Quizás lo que más me gusta de los chicos de This Oversight (salidos de las profundidades de Fernando de la Mora en el 2011) es que no son pretenciosos (lo cual es un gran cumplido, créanme), no intentan vender gato por liebre. Nada muy rimbombante. Un metal sencillo y sincero, consciente de sus limitaciones pero a su vez constantemente empujando dichos límites. Y por ese camino ya han desfilado por varios escenarios, incluyendo ser banda soporte de The Four Horsemen y Skull Fist (que nivel, eh)

A lo largo de “From Nothing to you” (DaCosta Producciones) el EP lanzado en el 2014 y que contiene cinco canciones, uno puede ver eso, entre otras cosas.

Coexisten los sonidos metálicos puros y duros, con influencia de Judas Priest, los dejos melodiosos del NWOBHM y hasta algunos elementos proto-thrash (especialmente en Full Fuel y The Last Breath)

Y es que a decir verdad, para ser solo cuatro, hacen mucho ruido

Hugo Navarro (guitarra) toma con mucha naturalidad la tarea de darle un sonido propio a TO, una de las razones por las cuales pienso que la banda tiene posibilidades de desarrollarse mucho más.

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En ese contexto, para alguien malacostumbrado al dúo de guitarras en los sub-géneros citados, es una grata sorpresa ver, sin embargo, sobrellevar con soltura la base rítmica en el bajo (en manos de Chris Ramirez) y la batería, sobria pero precisa, de Jam Lezcano. La ausencia de la guitarra rítmica puede quizás limitar, en los solos, la consistencia, pero la participación activa de los bajos (una eterna queja de este servidor) otorga todo un abanico de posibilidades en la composición.

Quizás a nivel de vocales muchos temas del  EP (con la excepción de Till’ We Die, mi canción favorita) no estén a la altura de las presentaciones en vivo, específicamente en las últimas. Alfonso Martínez ha logrado impregnarle más confianza y carisma propio a su voz de lo que uno escucha en el material, una tarea que tenía pendiente, como pueden fijarse en este cover de Corrosion.

Como respecto al resto de la banda, prefiero ver al EP como un punto de partida, un material que todavía puede pulirse.  A nivel de líricas y estructura  es obvia la “evolución” desde los primeros intentos, con F.C.H.P. (Followed, Cursed, Hunted, Punished) como su punto mas alto.

Animarse a romper con la cómoda estructura de riff-coro-solo-coro es tal vez, de forma natural, uno de los caminos de This Oversight para evitar ser solo otra banda genérica de heavy metal. La otra es la diversificación de sus influencias y madurar en el songwriting,

Innovar en el género es complicado (por no decir imposible). Hacer algo más que thrash metal, acá, también. Pero de todo ese NWPHM (?) un montón de pibes amigos entusiastas como cualquiera cuando agarra su primer CD de Maiden o Metallica, algo bueno puede salir.

Lo que hace que le de mi voto de confianza a This Oversight es que pese a todo, o quizás por ese todo, en este nicho de hacer música para divertirse empezando from nothing to you, han buscado y están afinando su propio sonido, su propia voz, su propia imagen.

Y si existe un buen comienzo, es ese.

Ellos.

(Originalmente publicado en el Concurso de Cuentos del Club Centenario – Año 2014)

Corrían desesperadamente. El niño que llevaba de la mano cayó. Ella, sin parar la marcha, lo levantó entre sus brazos, mientras de fondo se escuchaba el estruendo que la perseguía. Jadeante, observó nerviosamente, con los ojos abiertos y dilatados, su entorno. Las pocas ropas que quedaban a ambos se hacían jirones entre los escombros, obra de lo que los precedía, entre sonrisas calcinadas de otros como testigos de ello, a la vera del camino.

El niño había perdido ya hasta la habilidad de llorar. Con los ojos entreabiertos, se mantenía aferrándose al cuello de su madre sin atreverse a mirar eso que los seguía. Izquierda, derecha, ella no sabía si escuchaba los zumbidos producidos por su ritmo cardíaco, o por otra cosa.

De improviso, una explosión terminó por hacerlos caer a ambos en una zanja. En donde estaban, una cortina de humo verdosa los cegaba de lo que se acercaba peligrosamente.

El sonido de sus motores los redujo al paroxismo. Avanzaron agachados, reducidos a sus instintos mientras el miedo anulaba los últimos retazos de la razón.

Un lapsus de silencio se hizo en el ambiente. No alcanzaban ya a escuchar ese susurro estremecedor que tanto atormentaba. Quizás ese humo los despistó. Quizás les perdió el rastro. Quizás consiguió una mejor presa. En realidad, no importaba.

Poco a poco fueron perdiendo el miedo, y recorrieron la zanja hasta su final, donde se alzaba, idílica, una laguna. En la locura de la necesidad, un oasis.

Tanta fue la alegría ante este escenario, que ambos rompieron un mutismo que pareciera de siglos en el ambiente…

– ¡Veo agua! -se le escapó al niño.

-¡Agua! -exclamaron los últimos dos humanos en la Tierra, antes de ver en ella reflejados las cuencas de fuego que eran los ojos de lo que los había estado persiguiendo.

Ciudadano del Imperio de Gillian Bradshaw

 

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Un acaudalado comerciante alejandrino se enfrenta a la creciente corrupción del Estado Romano. Su origen griego lo volverá víctima de numerosas discriminaciones en el seno del Imperio, pero eso no lo detendrá para reclamar una justicia que parece imposible: conseguir que el mismísimo cónsul romano salde una deuda.

 

Render Unto Caesar es el título original en lengua inglesa de esta novela, que ha recibido la traducción libertina al castellano de Ciudadano del Imperio, hechura de la escritora angloamericana Gillian Bradshaw.

 

La mujer detrás del libro

Bradshaw es una autora afamada en el mundo anglófono. Su producción se concentra en la ficción histórica, donde emprende incontables y atrapantes relatos en el escenario de la antigüedad clásica. Y no es para menos, puesto que ella tiene una formación en Estudios Clásicos. Pero también ha incursionado, aunque en menor medida, en la ciencia ficción y en la literatura infantil.

Una odisea mundanal

Cuando pensamos en relatos clásicos -de la tradición grecolatina- la mayoría de nosotros nos remitimos psicológicamente a las grandes epopeyas relatadas por Homero. También se nos vienen a la memoria personajes de la talla de  Jasón y sus argonautas, Heracles (Hércules) o alguno de los héroes de Troya. En cuanto a Roma, los grandes emperadores romanos o gestas tales como la destrucción de Cartago han calado en nuestro subconsciente.

Sin embargo, aquí Bradshaw no nos propone una legendaria hazaña marcial ni alguna intriga elaborada por los dioses. No. Su argumento es más verosímil y cotidiano, pero no por ello exento de aventura y del colorido propio de un genuino viaje al pasado, con personajes fulgurantes de vida.

Hermógenes es el joven comerciante, procedente de la mítica Alejandría, que hereda un cuantioso préstamo, efectuado por el importante político romano, Tario Rufo. El político, devenido cónsul, jamás se molestó en pagar dicha deuda y ese hecho llevó a la ruina a la familia del griego.

Empero, Hermógenes, gracias a su ingenio y destreza,  supo hacerse de fortuna y pudo adquirir la ciudadanía romana, algo reservado solamente a los griegos de cierta holgura. Así, a pesar de las comodidades de su nueva vida, no olvida sus ansias de justicia e insiste en ir a Roma para intentar cobrar su deuda.

En su travesía por las calles de Roma, reviviremos los aires de la ciudad paso a paso con el alejandrino. Escucharemos los bullicios de la ciudad,  las conversaciones minuciosas y, entre palabras, seremos partícipes de la cotidianeidad del otrora Imperio, y de sus habitantes.

Mas, ¿Tario Rufo accederá a cumplir con su compromiso? Pues pese a su aparente opulencia y poderío político, no encontrará más camino para deshacerse de esa deuda que intentando asesinar a nuestro protagonista.

Pero Hermógenes no está solo, y aquí hace aparición el personaje más  llamativo de todo el libro, Cántabra, una exgladiadora bárbara que hará de guardaespaldas del griego. Esto nos podrá parecer extravagante y hasta un delirio feminista. Pero la autora se sustenta en la historia –y lo aclara al final del libro- : es un hecho que también hubo mujeres  que combatieron en la arena.

Hermógenes encarna en sí la esencia griega: comedido, racional, reflexivo. Más habilidoso con la mente y la labia que con las armas. Y es por ello que desprecia a los conquistadores romanos, a quienes considera inferiores moral y espiritualmente. Los romanos, a su vez, cultivan una profunda desconfianza hacia los griegos.

¿Qué nos ofrece?

Un ajedrez político plagado de violencia, corrupción y crimen. Una encrucijada que deberá sortear el héroe, acompañado solo por la razón y por una valerosa mujer.

Pero, en medio de todo, tendremos el placer de sumergirnos en la vida de la sociedad romana, experimentar la complejidad de la convivencia cosmopolita de Roma y los claroscuros del Imperio –tales como la pobreza y la esclavitud–.

Un libro altamente recomendable para quienes disfrutan de la ficción histórica.

¿Dónde comprar?

Quijote Música y Libros, al costo de Gs. 40.000.

A Nelson Aguilera.

Conocí a Nelson Aguilera ayer. Recorriendo la Libroferia, entramos de improviso a una sala donde estaba él acompañado de otras personas. En el auditorio, en teoría, se haría una especie de tertulia para quienes quisieran leer sus obras poéticas. En el programa se llamaba «Café&Poesía» pero al llegar, Nelson, nos ofreció cocido y nos invitó a sentarnos cerca para poder conversar.

Mi amiga (Eliana) y yo, terminamos siendo los únicos participantes nóveles de esa reunión que terminó en una ronda. Una ronda que se sintió de casi amigos, porque aún siendo desconocidos, la amabilidad y predisposición a conversar de forma amena de todos los concurrentes (Don Feliciano Acosta, Alejandro Hernandez, y el compositor Germán Mulattieri y el propio Aguilera) hizo de la tertulia una sorpresa muy afable.

Le pregunté, como no cabía de otra debido a los acontecimientos relacionados a la denuncia por plagio que tiene en su contra (desmentida por diferentes críticos y escritores especializados en el tema, llegando la acusación al epítome de la incoherencia y rayando la persecución), sobre su situación. El, para mi sorpresa, con aire despreocupado le restó importancia (ignoraba yo que al otro día se leería la sentencia) y prefirió entablar un debate sobre la concepción poética.

Conversamos sobre lo que significaba la poesía en cada uno, el valor de ella, sus pros y sus contras, sobre el exilio, sobre la identidad, sobre el desafío de las generaciones nuevas en este país. Me instó a seguir escribiendo, felicitándome por lo que les mostré. Terminó hasta regalándome un libro suyo, una antología lanzada esta semana.

Ese fue el Nelson Aguilera que yo conocí. Nunca, hasta ayer, leí algo sobre el. No puedo hablar de sus dotes literarias, pero si puedo hablar de esa primera impresión de alguien que apuesta por la cultura de manera ad honorem prácticamente, de una persona que ha ejercido la vocación de escribir con fervor y con ideales. Y sobre todo, de una persona inocente a quien se le está cometiendo una tamaña injusticia, sin precedentes en el país, y que dejará un estigma enorme en la literatura nacional.

Hoy, al enterarme de la triste noticia de la confirmación de la condena por el supuesto plagio en «Karumbita la patriota» solamente puedo lamentar que en Paraguay, condenemos y absolvamos a unos y a otros, de manera injusta, dependiendo de los intereses de por medio. Una aberración inaudita, una acusación sin pruebas, un proceso viciado de nulidad.

Estamos frente a una de las páginas mas obscuras de la literatura paraguaya, pintada de impunidad e indiferencia. Los libros a la cárcel.

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¡El Señalador te invita a la La 20º Libroferia Asunción 2014!

Organizada por CAPEL, bajo el lema “Leer para ser felices”, la Libroferia se inició el día de ayer, miércoles 27 de mayo y se extiende hasta el domingo 8 de junio, en horario de domingo a jueves de 10:00 a 21:00, y viernes y sábado de 10:00 a 22:00, desarrollándose en el Centro de Convenciones del Mariscal López Shopping  (J. Eulogio Estigarribia esquina Charles de Gaulle). El acceso es libre y gratuito.

Esta 20ª edición de exposición contará con la visita de personalidades extranjeras como el escritor y ex futbolista uruguayo Daniel Baldi, los escritores Alejandra Correa y Juan José Decuzzi de Argentina, los escritores colombianos Diana Uribe y Freddy Almada, Alai Garcia Diniz, investigadora y catedrática de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana de Foz de Yguazú, Brasil, entre otros.

Además, podrás comprar libros con descuentos entre el 10% y el 50% en los diferentes stands de las Editoriales expositoras. También habrá mas de 70 actividades específicas, entre lanzamientos de libros de autores locales y disertaciones varias.

A partir del día de mañana, El Señalador cubrirá hasta su finalización todos los pormenores del evento, con especiales sobre precios, variedad de títulos y etc.

No te pierdas la oportunidad, juntá tus moneditas y regalate un libro.

 

El Principito de Antoine De Saint-Exupéry

L’ essentiel est invisible pour les yeux.

Hoy acabo de terminar de leer, por primera vez, teniendo yo 19 años, El Principito. Un libro que incontables personas me recomendaron en los últimos 12 años al menos y al cual solo recientemente le di una oportunidad.
¿Por qué me lo recomendaban tanto? Era mi interrogante en todo este tiempo. Cómo un libro tan sencillo pudo convertirse en un clásico inmortal, traducido a mas de 118 idiomas (incluso al latín, siendo una de las pocas obras modernas en ese idioma) y que ha vendido mas de 80 millones de copias.

El Libro.

¿Qué es El Principito?

¿Cuento para niños, fábula moral, relato clave de la vida de Saint-Exupéry?

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Claro que no es un sombrero. Es obvio que es un elefante adentro de una boa.

Antes que nada, debemos decir que no es un libro para niños. Tras el argumento de ese «pequeño príncipe», enamorado de una rosa, que sale de su planeta a vagar por el universo y conoce a diferentes seres de diferentes mundos hasta llegar a la Tierra, se esconde un relato lleno de magia, de imaginación, pero a su vez algo confuso. Como otros libros famosos, como los de Lewis Carroll, o Platero y Yo de Jiménez, pese a su apariencia, no es un libro infantil, PESE, a que en este caso, fue escrito por encargo expresamente para niños, por parte de su editor, que buscaba algo así como un «cuento de Navidad».

Narración: Una obra metafórica maestra.

En una historia llena de crudas metáforas, quizás la clave del éxito haya sido esa subjetividad en la cual hace soporte el libro. Cada uno, dependiendo del diferente momento que lo lea, o influenciado por sus propias vivencias, verá reflejadas a estas en diversos pasajes. La relación entre El Principito y la rosa, los cuestionamientos ante esa simplicidad perdida por los humanos, que los obliga a adoptar posiciones «serias» alejándolos de los placeres sencillos de la vida, de los sueños y de sus propios «yo». El mismo piloto se queja de eso cuando cuenta cómo perdió sus habilidades de dibujante y pintor por dedicarse a cosas mas «importantes».

Están quienes han querido ver un diálogo entre el ser adulto y su antiguo «ser» niño, con una mecánica dialéctica que se inicia cuando el Principito plantea su primera exigencia: «Dibújame un cordero». Una explicación banal se reduciría a esa fábula moral: Los niños, que no han perdido su inocencia, son capaces de comprender las verdades de este mundo mejor que los adultos, que las tienen tan enfrente que son ciegos ante ellas.

Quizás tengan razón, pero quizás haya mucho mas que eso, mucho mas de lo que incluso el autor se propuso a transmitir. Porque la subjetividad de la que hablaba mas arriba, el impacto emocional que puede tener en el lector, amplía el significado de la obra y la trasciende en su tiempo.

Mas allá del análisis. Lo que nos enseña.

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Si debo elegir una parte favorita, definitivamente la mas emotiva es la conversación el zorro, que resume el espíritu y mensaje de la novela: «Lo esencial es invisible a los ojos…», y agrega: «Es el tiempo que has perdido con tu rosa lo que la hace tan importante». Esa «domesticación» en busca de la utilidad, algo que le reprocha El Principito al hombre de negocios, simboliza lo mas profundo de las relaciones humanas.

Si leíste el libro hace años, te recomiendo que lo vuelvas a leer. Quizás veas cosas que pasaron desapercibidas en la primera lectura, quizás lo leas de forma diferente. Si todavía no lo leíste, hacelo, pero por curiosidad, no como obligación. El Principito tiene la virtud de ser paciente con quien lo descubre recién, como yo.
A el le agradezco que por primera vez, yo, que de chico prefería leer historia o ciencia, hoy, me sienta por primera vez un niño.
Y que eso se sienta bien.

Precios y donde conseguir:

He consultado en las siguientes librerías: Balzac, La Gloria, Servilibro, El Lector , todas ellas cuentan con el título.

Las dos primeras librerías cuentan con usados, a un precio que oscilan entre 15.000 a 25.000 guaraníes. Los dos últimos tienen ediciones nuevas, que cuestan entre 25.000 y 34.000 guaraníes. Todas las versiones cuentan con las ilustraciones originales del autor.

Cinco libros de Autores Universales recomendados para niños.

Un niño que lee es un adulto que piensa, dice el dicho. Yo concuerdo totalmente, pero también en QUE lee exactamente. Generalmente el hábito de la lectura, en la niñez, viene por influencias familiares o de allegados (aunque no haya sido mi caso), y sobre todo, por medio del ejemplo.

La lectura con los niños mas que el hábito, crea un vínculo con esas historias, con su modo de pensar a futuro, en su forma de ver la vida. Así que acá te recomiendo cinco libros de autores universales, especial para que los chicos exploren su imaginación y se interesen en diversos tópicos.

 

1- Cuentos de la Selva – Horacio Quiroga

cuentos-de-la-selva-horacio-quirogaEste escritor uruguayo, nacido en 1878, fue un maestro de la prosa modernista. Cuentos de la Selva está inspirados en la estancia del autor en el Chaco argentino. Relatos como Las Medias de los Flamencos, con tinte de fábula, o La Guerra de los Yacarés, con un mensaje ambientalista muy nítido, son lecturas fáciles y a su vez dinámicas, que atrapan muy fácilmente.

Dato importante: No confundir con «Cuentos de la Selva y otros relatos» de la famosa Biblioteca Popular de Autores Universales que sacó El Lector hace unos años, a la hora de comprar. Dicho libro incluye relatos de la otra vertiente de Quiroga, mucho mas obscura, como Cuentos de Amor Locura y Muerte. Esta recomendación viene de primera mano, por cierto.

 

2- De la Tierra a la Luna – Julio Verne

julio-verne-de-la-tierra-a-la-luna-ed-kapaluz-13680-MLA3016328841_082012-F¿Querés sumergir a un niño en el mundo fascinante de la ciencia ficción? Julio Verne es el escritor iniciador obligatorio. La odisea espacial imaginaria del autor francés, que emancipó al género e inspiró a la realidad, a posteriori, es un relato con amplio detalle y certeros toques de humor.

Sin mas guerras que librar, un club de tiro decide embarcarse en tirar un proyectil a la luna. Para eso, todo un país se moviliza y las mejores mentes, aún enfrentadas, trabajan arduamente.

Un clásico.

 

 

3- Príncipe y Mendigo – Mark Twain

novela-comic-el-principe-y-el-mendigo-por-mark-twain-ariel-2446-MLV4540671169_062013-FAmbientada en la Inglaterra victoriana, esta novela del escritor norteamericano nos ilustra las aventuras del hijo de Enrique VIII, el príncipe Eduardo, y Tom Canty, un niño vagabundo, que siendo casi idénticos físicamente, intercambian identidades, con todo el embrollo que eso conllevará.

Recomiendo la versión completa. Por mas que sea un tanto extensa, el relato, si gusta, incentivará al pequeño lector a terminarla. De paso, el mensaje acerca de los contrastes entre la ostentación y el derroche de la realeza con la realidad de la clase pobre, es sutilmente muy bien expresado.

 

 

4- El libro de la selva – Joseph Rudyard Kipling

el-libro-de-la-selva-rudyard-kipling-13540-MLU27849272_254-FPosiblemente muchos conozcan la historia, escrita por este autor inglés de origen hindú, por su adaptación animada de Disney. Las aventuras de Mowgli, un niño rescatado por una loba tras ser perdido por su familia humana, que estaba siendo atacada por un gran tigre de bengala.

El libro de la selva, en realidad, es una recopilación de cuentos, que crean un marco argumental alrededor de las aventuras de este niño capaz de hablar con animales los cuales le dan lecciones morales.

 

 

5- Sandokán: El Tigre de la Malasia – Emilio Salgari

sandokanTodos amamos a los piratas. Y posiblemente desde Piratas del Caribe, se volvieron a poner muy de moda. Sandokán, un príncipe malayo caído en desgracia y convertido en pirata para combatir al colonialismo holandés e inglés, tendrá distintas aventuras a lo largo de diferentes libros. Nuevamente, el mensaje de fondo tras las aventuras escritas por Salgari evoca a una fiera crítica a la política exterior de las potencias europeas en la conquista mercantil de Asia.

Con acción, romance y drama, este escritor italiano posiblemente sea uno de los autores mas infravalorados de su género.

Estudio en Escarlata de Sir Arthur Conan Doyle.

 

Todos conocemos a Sherlock Holmes. El arquetipo de detective sagaz, frío y calculador ha quedado perenne en la historia como uno de los personajes literarios de mayor fama mundial. Fama que sin embargo, no alcanzó a igual manera a Sir Arthur Conan Doyle. Si, todos escuchamos sobre Sherlock, pero no todos habrán escuchando sobre su autor.

 

El Autor

conan doyle

Sir Arthur fue un hombre polifacético. ¡Hasta arquero de fútbol era!

 

Conan Doyle fue un escritor escocés que nació en Edimburgo en en 1859 y murió en Crowborough en 1930. Además de escritor de relatos detectivescos, fue novelista, historiador, poeta, jugador de rugby profesional (todo un personaje en si) y médico.

Durante su juventud, alternó el ejercicio de la medicina entre largos viajes en barcos balleneros (que inspiraron a sus primeros relatos, con poco éxito) y su ejercicio en un pequeño consultorio que tampoco prosperó, en un principio. En 1891 se muda a Londres a ejercer de oftalmólogo, donde no tiene mejor suerte.  En su biografía aclaró que ningún paciente entró en su clínica. Por lo tanto, esto le dio más tiempo para escribir. En este periodo es que nació el legendario Sherlock, cuyo nombre original pretendía ser Sherrinford, que a la postre sería el nombre del padre de Holmes, y de su hermano mayor, a quien poco se le cita en los libros. Publicado en formato de novela, el génesis del éxito proviene del primer libro, lanzado en 1887, titulado Estudio en Escarlata (Study in Scarlet, en idioma original)

 

El Libro

estudio en escarlata

Argumento:

Estudio en Escarlata se presenta a manera de diario de memorias del Dr. Watson (Sir Arthur solo dice ser el agente literario del Doctor), un médico y soldado retirado luego de haber sido herido en el brazo izquierdo y haber contraído tifus, por lo que es enviado a Inglaterra a recuperarse. Ahí, escaso de recursos, un tanto lisiado y solo con una minúscula pensión, se encuentra con un antiguo practicante suyo de sus épocas en Barts (hospital militar) Luego de ponerse al día, Watson le hace notar que está en búsqueda de un alojamiento a precio razonable, a lo que su acompañante le dice que es la segunda persona la cual le dice las mismas palabras ese día. Este amigo, entonces, lo presenta ante Sherlock Holmes, detective consultor, con quien Watson queda boquiabierto al deducir todas sus peripecias en cuestión de solo verlo por unos minutos, y con quien, al final, se terminará mudando a 221B – Baker Street.

La narración. Características:

La narración presenta características únicas, que no se repetirán en las siguientes historias de Holmes. En primer lugar, en su tiempo tuvo el problema de que era demasiado extensa para ser considerada un cuento y demasiado corta para los estándares de las novelas de su época.

Otra característica es la utilización de Dr. Watson como contraparte de Holmes, algo que, contrario a lo que se cree, no es creación de Doyle sino de Edgar Allan Poe en “Los crímenes de Rue Morgue”, cuento fundador del género detectivesco. La técnica de el narrador como acompañante del personaje principal, cuyas cualidades se enalzan y quedan aún mas en evidencia (de forma adrede) ante los defectos del que cuenta la historia (Las deducciones de Holmes son aún mas brillantes debido a que quien narra, Watson, no es capaz de concebirlas), fue un elemento en el que se basó gran parte del éxito del libro. El lector se identificará con Dr. Watson, sorprendido por las aptitudes de Sherlock Holmes, casi increíbles, aún cuando este las explique detalladamente. Queda inalcanzable, aún con un sentido de justicia (que suele no concordar con la Scotland Yard), pero también a veces, en su racionalidad, casí inhumano y muy políticamente incorrecto, algo que a pesar de todo, o quizás por todo eso, logra nuestra simpatía. Doyle pondrá, también, en los siguientes títulos, parte de su propia personalidad en Watson, pero ese es otro río.

Mas, lo mas resaltante del libro es la división de su narración en sí. La presentación de los personajes, como introducción, el desarrollo del argumento y un abrupto corte que da lugar a una segunda parte contada desde un narrador en tercera persona omnisciente. La segunda parte del libro, que al principio pareciese no tener nada que ver con el desarrollo del caso (que Sherlock resuelve al final del primer capítulo pero que no se explicará cómo hasta el tercero), cuenta a manera de relato histórico detalles sobre los involucrados en el crimen, relacionados a otros crímenes pasados y cuestiones sociales muy arraigadas en el éxodo de los mormones al este de EE.UU, en el siglo XIX. La novela histórica era uno de los géneros favoritos de Sir Arthur, y gran parte del desprecio que llegó a tener por Holmes y su popularidad desbordada se debía a que la presión de los editores no lo dejaban escribir mas sobre dicho género.

Aún cuando el final es no tan predecible como pueda parecer, la división del relato que cité mas arriba fue un aspecto que el mismo Conan Doyle criticó en la siguiente novela, a modo de conversación entre Sherlock y Dr. Watson:

“El detectivismo es, o debería ser, una ciencia exacta, y hay que ocuparse de ella con la frialdad y ausencia de emociones con que se tratan las ciencias exactas; usted ha intentado darle un tinte de romanticismo(…) Hay hechos que deben ser suprimidos o, por lo menos, reducidos a proporciones justas al referirlos”

De esta manera, a partir de sus siguientes libros, Doyle prefirió realizar cuentos cortos para proseguir con las aventuras de Holmes, dando un énfasis mucho mas parecido, en su síntesis a una descripción policíaca.

Opiniones finales.

Muchos pueden aferrarse a los defectos que cuenta Estudio en Escarlata, mas, su mayor virtud, en mi opinión, es haber sentado todas las bases y formas al género que Alan Poe creó, perfeccionándolo. Sherlock Holmes y Dr. Watson resultan mas creíbles, y menos nebulosos que los personajes de Rue Morgue, y Conan Doyle logró impregnar de ese extraño humanismo y familiaridad, al sentido de sus personajes, haciéndolos concordar con sus costumbres sociales y su tiempo, en la Inglaterra de la época. Sin los aciertos y errores de la primera novela, es seguro que Sherlock Holmes no gozaría de tan buena salud, en nuestros días. Y sin duda, si quieren iniciarse en el universo sherlockiano o en el género detectivesco/policíaco, Estudio en Escarlata es una elección casi obligatoria.

 

Precios y donde comprar

He averiguado en las siguientes librerías:

El Lector (Plaza Uruguaya): Contaban con dos ejemplares – Precio: 35.000 gs.
Servilibro (Plaza Uruguaya): Sin ejemplares.
Libros Balzac (Chile 707 c/ Haedo): Me costó un buen rato encontrar, pero tienen unos cuantos ejemplares, usados, existen dos ediciones diferentes – Precio: 25.000 gs.

 

Bonus

Yo se que la mayoría está Sherlock-eado/a con Benedict Cumberbatch. Incluyéndome. Gracias BBC por quitarme el mal sabor que tuve con las películas de Robert Downey Jr., que eran Tony Stark en el siglo XIX en vez de  Sherlock Holmes. Tomen esto como agradecimiento por leer esta reseña.

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