¿Por qué hablar de libros?

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora» reza un proverbio hindú. Desde los primeros garabatos sumerios en Mesopotamia, hace 5 mil años, pasando por los filósofos griegos y romanos, la censura medieval, el nacimiento de la imprenta y hasta los modernos e-books, la palabra ha emancipado al hombre con su fuerza imperecedera. Podríamos decir, con toda certeza, que la evolución cultural del ser humano no hubiese sido posible sin el gran salto de la tradición oral, a la tradición escrita.

Miles de autores a través de las épocas, miles de argumentos y tramas de diferentes tintes…

Hombres, sueños e ideas inmortalizados en miles de hojas que transfieren el conocimiento, lo rebaten y lo amplían, generación tras generación. La sombra de esta influencia ha sido la luz de descubrimientos y ha tenido también consecuencias trágicas. Tanto es su impacto en la historia.

Y persiste, aún hoy. Un libro sigue siendo un vehículo a la formación educativa de la persona, una ventana de esperanza, un escape a la realidad para algunos y un encuentro con la realidad para otros.

Es por eso que hablamos de libros. Porque ellos son nuestro vínculo a otras vidas, alternas, pasadas, posibles o imposibles, que a su vez generan otro vínculo, aún mas fuerte, en nosotros mismos. Porque ellos gobiernan, aún en nuestra ausencia, los hilos del mundo. Moldean nuestra realidad y la expanden.

Un solo libro puede que no arme a una persona. Pero sin duda un montón de ellos, si.

2 comentarios en “¿Por qué hablar de libros?

  1. Como le dijo Jojen Reed a Brann Stark, «El hombre que lee vive mil vidas antes de morir, y el que no lee, solo vive una». Teniendo esto en cuenta, que mejor que compartir esas vidas prestadas hablando de ellas con gente que las ha experimentado o desea experimentarlas, que quizas nos den un enfoque nuevo muy distante del que teniamos cuando nos prestaron sus vidas para vivirlas?

  2. Qué modo de conectarte tan profundamente con otra persona como lo es sumergirte en un mundo creado por él/ella, viéndolo desde sus perspectivas, y compartirlo con otros y armar así idearios y fantasías colectivas (De las buenas, digo, de las que enriquecen la imaginación y hacen mover mentes y almas, de las que humanizan), comunitarias; unirnos en la individualidad que es cada uno. Me encanta!

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